2009-05-10

La 'carabela portuguesa' llega para quedarse

La medusa, una de las más venenosas, se instala por primera vez en el litoral mediterráneo y desata la alarma de las autoridades sanitarias y la industria turística en la costa levantina.

José María Olmo
El último quebradero de cabeza de la industria turística española se llama carabela portuguesa (Physalia Physalis), un organismo acuático altamente venenoso del tipo siphonophora perfectamente asimilable a las medusas.
Su hábitat natural son las aguas de alta mar del Atlántico y el Caribe. El verano pasado se detectaron ejemplares aislados en las costas del Cantábrico y sólo alguna carabela portuguesa llegó al litoral mediterráneo. Pero 2009 empezó con un preocupante cambio de tendencia. Por primera vez, el pasado febrero se detectaron enjambres de este organismo en las playas de Málaga y Cádiz, y en los últimos días han aparecido más ejemplares en las costas de Murcia, Comunidad Valencia e Islas Baleares, puntos que nunca antes había alcanzado. Los expertos creen que las medusas han cruzado el Estrecho de Gibraltar arrastradas por corrientes cálidas del Atlántico y que podrían adaptarse a las condiciones de vida del Mediterráneo.
No sería buen negocio para el turismo de playa. El pánico ya afecta a algunos destinos, y con motivo. El veneno de la carabela portuguesa es uno de los más tóxicos del mundo animal, pudiendo ser mortal para algunos grupos de riesgo, como niños y enfermos cardiovasculares o neurológicos. En condiciones normales, provoca dolores de cabeza, dolores abdominales y espasmos musculares.
Josep María Gili, profesor investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas experto en medusas, explica que, "por suerte, sus tentáculos contienen el veneno en dosis pequeñas, del tamaño de una centésima de milímetro. En un individuo sano no tiene por qué provocar la muerte, aunque recordará la picadura toda la vida".
Sobrepesca.
Gili achaca su entrada en el Mediterráneo y la de otras especies, como la Pelagia, a la sobreexplotación de los recursos pesqueros, que ha acabado con sus depredadores y con los organismos que competían con ellas por el plancton. "Tenemos que ir acostumbrándonos a esto, porque es lo que hemos provocado. Las medusas son una botella con un mensaje que envía la naturaleza para recordarnos lo mal que la hemos tratado", denuncia el investigador.
Los ejemplares que están llegando a las costas proceden, según este experto, de un enjambre en mar abierto que aún no se ha localizado. El verano pasado se detectaron bancos de hasta 10 kilómetros de largo de otra especie al sur de Islas Baleares. El primer paso, sostiene Gili, es localizar el núcleo del que parten las que están llegando a las playas.
La carabela portuguesa está formada por un cuerpo transparente y gelatinoso, conocido como "vela", siempre en superficie; y por un grupo de tentáculos sumergidos, de entre 10 y 30 metros de largo, que albergan las células urticarias que transfieren el veneno.
Gili pide a los autoridades que inviertan más en el estudio de este fenómeno, que puede quedar asociado para siempre al sol y playa. No era lo que necesitaba el turismo.



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